¿Quienes navegaban los ríos de la región del maule?

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Con 240 kilómetros de longitud y más de 20 mil kilómetros cuadrados de hoya hidrográfica, el Maule es el río más importante de la séptima región. Antigua frontera sur del imperio inca, gracias a su caudal para regadío y como medio de transporte, este curso fluvial fue fundamental en la historia del mundo rural chileno.

De la navegación en su cauce hay antecedentes marginales desde fines del siglo XVIII, a la luz de testimonios como el de Nicolás de la Cruz y Bahamondes, autor de una de las primeras referencias al respecto, luego de navegar por el río en 1783, en medio de un viaje realizado entre Talca y Cádiz. Sin embargo, será en el siglo XIX cuando aquello se transforme en una actividad regular en la zona. Esto se debió en parte a la estabilización del caudal en la centuria de 1800, factor que no había existido en el siglo anterior debido a las frecuentes sequías. Efectivamente, la navegación por el Maule fue un fenómeno republicano.

La explotación de la madera y otros productos de la cuenca, implicó la necesidad del transporte por su curso y la consecuente construcción de naves para ello. Fue así como se establecieron astilleros en las riveras del río, lo que fue un antecedente de la fundación del puerto de Constitución, ubicado en su desembocadura. Hacia 1848, el 70% de las naves que llegaban al puerto habían sido construidas en la zona.

El puerto de Constitución, llamado originalmente Villa de Nueva Bilbao, debe su historia al río Maule. Fue declarado Puerto Mayor en 1828, siendo el centro de comercialización de los productos del interior que se transportaban por el cauce fluvial: principalmente madera, queso, cereales, trigo y harina. Mas, la dificultad que generaba la barra de la desembocadura fue permanente obstáculo para la navegación a lo largo de todo el siglo y, a la larga, conspiró para la decadencia del puerto.

El auge de la actividad portuaria y fluvial se dio a mediados del siglo XIX. En éste influyeron importantes factores como el ciclo triguero -producto del auge de las exportaciones a California-, la demanda de leña para la creciente minería del norte, y la necesidad de madera para la construcción de ferrocarriles. Por esta época el río era navegable desde su principal afluente, el Loncomilla, diez kilómetros al sur de San Javier, hasta su desembocadura en el mar.

Esta intensificación de la actividad naviera, que da buena cuenta de los primeros barcos a vapor navegando por el caudal, obligó a la reglamentación de los servicios, tanto en el ámbito del tráfico como de la inversión. En este último aspecto, destacó en 1851 la adquisición de Cornelio Mena de derechos de exclusividad por siete años para los remolques a vapor en el río. Asimismo se fundaron importantes empresas por parte de hombres de negocios de la zona. Fueron los casos de la Compañía Nacional de Vapores S.A., en 1864, y de la Sociedad del Vapor Paquete del Maule, en 1861. Ambas se fusionaron en 1872, dando origen a la Compañía Sudamericana de Vapores.

El puerto de Constitución y la navegación por el Maule empezaron a decaer hacia la década de 1870. La barra fue un problema que no pudo solucionarse de modo definitivo, obstaculizando la navegación de embarcaciones de mayor tonelaje y limitando la actividad económica. También, el fin del ciclo triguero hacia 1880 y la implementación de nuevos medios de transporte, como fue el caso de los ferrocarriles, menguaron la actividad. De esto bien dio cuenta la actividad portuaria de Constitución, cuya base era el tráfico fluvial desde el interior de la cuenca maulina hasta sus dependencias: 611 naves fueron atendidas en el puerto en 1871; nueve años después, la cifra sólo alcanzó las 198 embarcaciones.

La actividad del río se mantuvo gracias a la construcción en astilleros locales y navegación de naves menores más el ingreso de vapores de pequeño calado. Sin embargo, aquella imagen de cultura rural cuya arteria fue el Maule, y que tan bien retrata la literatura de Mariano Latorre o Armado Ulloa Muñoz, nunca volvió a ser la misma sin las embarcaciones que la surcaron. Durante el siglo XX, el viaje de los faluchos maulinos sólo evocó un tiempo en que el río Maule, con sus grandes vapores y su pujante puerto, constituyó una de las importantes vías de transporte naviero en Chile.